domingo, 24 de junio de 2018

PAREJA: ¿POR QUÉ PELEAMOS?




PAREJA: ¿POR QUÉ PELEAMOS?

Si estamos en una relación el tiempo suficiente, en algún momento vamos a tener una pelea. Eso no quiere decir que estamos con la persona equivocada, o que nuestra pareja está condenada al fracaso. El conflicto es una parte inevitable de cualquier relación humana, especialmente de aquellas que involucran las partes más íntimas de nuestras vidas.

Para detener una pelea, a veces, lo único que necesitamos es mirar al otro con simpatía, preguntarle qué es lo que realmente le molesta y escucharlo hasta que haya terminado de hablar.

La frecuencia y calidad de las peleas están relacionadas con lo satisfechos que estemos en nuestra relación, aunque la mayoría de nosotros preferiríamos discutir lo menos posible. Pero proponernos evitar totalmente el conflicto no me parece que sea aconsejable ya que, si podemos hacerlo de una manera respetuosa y constructiva, lo mejor es poder hablar de nuestras diferencias.

A veces hacer esto se complica especialmente cuando no estamos peleando por el motivo que pensamos y en realidad el enojo se está debiendo a que creemos que al otro no le importa cómo nos sentimos. Peleamos por el dolor que nos produce la desconexión, esa desconexión que suele deberse a que el miedo o la ansiedad de uno hace que el otro se sienta en falta, aunque no lo esté.

Muchas veces lo importante no es lo que discutimos sino cómo lo discutimos. Por eso es importante que tratemos de manejar nuestros desacuerdos para evitar que las discusiones escalen en agresividad y se vuelvan tóxicas.

Nuestras relaciones van cambiando con el tiempo y suelen volverse más maduras, aunque también algunos bordes filosos pueden volverse aún más. Ambos somos conscientes de qué es lo que nos irrita y qué es lo que irrita a nuestra pareja y está en nuestro poder apretar o no ese botón. Tener esto claro nos va a hacer más fácil tener una relación menos conflictiva porque el mismo conocimiento que nos permite irritar también nos permite suavizar el diálogo.

Otras veces sucede que estamos convencidos de saber lo que la otra parte está pensando, lo que quiere decir y lo que entiende cuando hablamos de un determinado tema. Y tan convencidos estamos de nuestra habilidad para leer la mente que dejamos de escuchar y comenzamos a contestar, refutar o dar excusas ni bien nuestra pareja abre la boca. Entonces no es raro que nuestra respuesta tenga un tono hostil, defensivo o acusatorio, lo que va a hacer que nuestra pareja responda de la misma manera.

En el calor de la discusión tenemos claro cómo se ve y cómo se escucha nuestra pareja. Pero no pensamos cómo nos escucha a nosotros cuando estamos resentidos, enojados, ansiosos o retraídos y no pensamos que puede sentirnos rechazantes, manipuladores, controladores o egoístas.

Entonces probemos esto: cuando sintamos que una discusión es improductiva o se está intensificando, hagamos, de común acuerdo, una pausa para enfriarnos, percibamos nuestras emociones, pensemos si expresarlas puede facilitar la conversación y retomemos la charla un rato después de la manera más racional posible. 

Contacto: siduna@gmail.com
https://www.facebook.com/LicSilviaDunayevich/




No hay comentarios:

Publicar un comentario

  CUANDO LA VARA ESTÁ DEMASIADO ALTA ¿Es lo mismo esforzarnos por ser mejores que tratar de ser perfectos? Obviamente no. Es diferente l...