domingo, 28 de noviembre de 2021


 

CUANDO LA VARA ESTÁ DEMASIADO ALTA

¿Es lo mismo esforzarnos por ser mejores que tratar de ser perfectos?

Obviamente no. Es diferente luchar por la excelencia que exigir la perfección. La perfección es una abstracción, una imposibilidad en la realidad.

Algunas personas se ponen estándares altísimos y se evalúan negativamente si no alcanzan ese criterio. No pueden tolerar la idea de cometer errores, y al no alcanzar el alto nivel autoimpuesto, sienten que fallaron. Tienen un miedo intolerable al fracaso y a los errores. Su desempeño les señala cuánto valen.

No se trata de la superación como persona sino de tratar de ganar aprobación. Esa presión para parecer impecables está impulsada por el miedo al fracaso, pero también por el deseo de ser amados y admirados.

El fracaso es una experiencia humana universal. No hace excepciones. Hasta los exitosos fracasan ya que la permanente perfección es una meta imposible.

Ser humano es tener defectos. Pero a los perfeccionistas les cuesta aceptarlos. Al centrarse en lo que les falta, no pueden apreciar lo que ya tienen.

Esa perfección suele manifestarse en 3 áreas: Una, orientada hacia uno mismo cuando se tiene el deseo de ser perfecto. Otra orientada hacia los demás, imponiendo a otros estándares de perfección. Y, finalmente, la prescrita socialmente que es percibir a otros como perfectos. Esta última, en estos tiempos, está incrementada por las redes sociales que fomentan la comparación y asignan valor por de la cantidad de “me gusta” que reciben las publicaciones.

Un esfuerzo saludable está centrado en uno mismo “¿Cómo podemos mejorar?” en cambio el perfeccionismo está centrado en los demás “¿qué van a pensar?”

El perfeccionismo en los niños es algo común y suele estar relacionado con la ansiedad escolar. También para el niño la motivación debería partir de sí mismo y no estar respondiendo a presiones externas de maestros, padres o compañeros. Sus pensamientos no deberían ser de autodesprecio.

¿Cómo ayudarlos? Los elogios orientados a sus esfuerzos más que a sus aptitudes naturales, les va a mostrar que los errores son parte de aprendizaje y no un fracaso. Preguntarles sobre sus experiencias más que por sus logros los va a orientar en la organización de sus valores. Es importante hacer que tengan claro que el amor por ellos es incondicional y que se los seguirá amando, aunque no todo salga como ellos esperaban.

El perfeccionismo no siempre es malo. Algunas de sus facetas pueden resultar favorables y otras desfavorables dependiendo del contexto, de la intensidad y de la interacción con otros rasgos de la personalidad.

No es necesario rechazar los altos estándares. Es válido luchar por la excelencia, pero no por la perfección. Si nos quedamos cortos, démonos crédito por el nivel que alcanzamos y fortalezcamos nuestra motivación para hacerlo mejor la próxima vez.

Lic. Silvia Dunayevich

https://www.psychologytoday.com/ar/psicologos/silvia-dunayevich-buenos-aires-ba/798289

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domingo, 14 de noviembre de 2021

 


MADUREZ EMOCIONAL

¿Por qué algunas personas tienen una gran habilidad para elegir cómo y cuándo expresar sus emociones y otras se sienten en seguida superadas por ellas?

Hay un concepto psicológico que indica cuán bien nos enfrentamos a eventos inesperados y desagradables, aquellos que nos generan un malestar emocional. Se llama madurez emocional y a diferencia de lo que sucede con nuestra personalidad es algo que podemos desarrollar.

¿Qué es entonces la madurez emocional?

Quizá es más fácil comprenderlo mirando el polo opuesto, cuando vemos su ausencia.

Mientras que la madurez emocional está asociada a un nivel alto y apropiado de control y expresión emocional, la inmadurez emocional es una tendencia a expresar emociones sin restricción o de una manera desproporcionada a la situación

Las personas emocionalmente inmaduras carecen de ciertas habilidades emocionales y sociales y por eso tienen, con frecuencia, problemas para relacionarse con otros. Suelen ser muy reactivas con todo aquello que les genere malestar siendo presas de arrebatos de ira y de acalorados debates sobre quién tiene razón y quién está equivocado.

Es sabido por todos que no siempre controlamos como se desarrollan las cosas y sin embargo insisten en que la vida debe tratarlos de forma justa. Cuando esto no sucede, les resulta difícil vivir con la decepción y la frustración.

De alguna manera les cuesta superar el hecho de que la realidad es rara vez como la imaginan y que son ellos los que necesitan adaptarse al entorno y no al revés.

Por supuesto, a la mayoría de nosotros nos irrita darnos cuenta de que hicimos algo mal o que alguien nos señale que hicimos algo inapropiado. Pero nuestra madurez emocional nos permite manejar esas situaciones incómodas y adecuar nuestro comportamiento.

Las personas emocionalmente maduras se hacen responsables de sus acciones, ya tengan éstas un efecto positivo o negativo; no permiten que las emociones negativas dicten sus respuestas y reacciones: regulan sus emociones de forma eficaz; son capaces de hablar sobre un tema difícil; tienen la capacidad de detenerse y pensar antes de actuar; de establecer límites saludables y razonables y son conscientes de sus propias emociones y necesidades.

La madurez emocional implica cierto grado de flexibilidad mental para comprender las decepciones y los contratiempos que todos encontramos a lo largo de la vida. La forma en la que percibimos estos hechos afecta el impacto que tienen sobre nosotros. Si lo hacemos con una intensidad emocional alta, nos hará difícil tomarlos con calma y expresar nuestros sentimientos de una manera saludable menoscabando, de esta manera, nuestra sensación de felicidad y bienestar.

Lic. Silvia Dunayevich

https://www.psychologytoday.com/ar/psicologos/silvia-dunayevich-buenos-aires-ba/798289

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