domingo, 22 de julio de 2018

NO CREAS TODO LO QUE PENSÁS




NO CREAS TODO LO QUE PENSÁS

El sesgo de confirmación es nuestra tendencia a creer y prestar mayor atención a la evidencia que parece confirmar nuestras creencias ya existentes y rechazar la información que arroja dudas sobre ellas. Esto, por lo general, no es intencional y suele darse cuando el problema es muy importante para nosotros. Todos lo padecemos. Es parte de ser humano.

Claro que somos capaces de pensar racionalmente, pero muchas veces, nuestro pensamiento racional se contamina con nuestras emociones y nuestros deseos. Cuando queremos que cierta idea sea cierta, terminamos creyendo que es verdad. Estamos motivados por ilusiones y esto nos lleva a dejar de buscar información cuando la evidencia reunida hasta el momento confirma nuestros puntos de vista (o prejuicios).

El sesgo de confirmación aparece no solo en el contexto de las relaciones, sino en muchas áreas de la vida que incluyen negocios, política, deportes, religión y cualquier aspecto donde es posible tener opiniones, es decir casi todo. Pero como todos tenemos ciertos patrones de pensamiento suele resultarnos difícil detectarlo en nosotros mismos.

Nos encanta estar de acuerdo con las personas que están de acuerdo con nosotros. Es por eso que nos conectamos fundamentalmente con medios que expresan nuestras posiciones políticas, y nos relacionamos principalmente con personas que tienen opiniones y gustos similares a los nuestros.
El sesgo de confirmación afecta la manera en la que buscamos información, cómo la interpretamos y cómo recordamos las cosas. Es, por lo tanto, una parte inevitable en nuestra toma de decisiones. Cuando éstas son importantes, acerca de nuestra salud, de nuestras finanzas o de nuestra vida amorosa, es conveniente tratar de moderar los efectos del sesgo lo más posible ya que puede influir sobre nuestro criterio.

Los especialistas en marketing aprovechan el sesgo de confirmación para vender más, creando guiones publicitarios que sólo suministran “evidencia” que respalda nuestras creencias.

El sesgo de confirmación es importante, entonces, porque puede hacer que nos aferremos a creencias falsas o que otorguemos más peso a la información que respalda nuestras creencias pese a que su veracidad no esté confirmada. Esto puede llevarnos a tomar decisiones arriesgadas y a pasar por alto señales de advertencia e información importante.

Nota: Desde que empecé a escribir esta nota sobre el sesgo de confirmación, lo veo por todas partes.

Contacto: siduna@gmail.com
https://www.facebook.com/LicSilviaDunayevich/


lunes, 16 de julio de 2018

BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN



BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

¿Qué nos pasa que nos enojamos con tanta facilidad? ¿Por qué hay personas a las que odiamos? ¿Por hay gente a la que no toleramos? ¿Por qué sentimos que la vida es injusta? Seguramente es porque tenemos poca tolerancia a la frustración.

La baja tolerancia a la frustración (BTF) implica creer que las dificultades, la frustración y todas aquellas cosas que nos hacen sentir molestos son INSOPORTABLES y que debemos evitarlas a toda costa. Es no tolerarlas, aunque sean mínimas, irritarnos con facilidad, exigir que las cosas sean como deseamos y no poder aguantar cuando esto no sucede. ES TENER DIFICULTAD PARA DIFERENCIAR DESEOS DE NECESIDADES.

Esto nos suele pasar cuando tenemos una visión distorsionada de la realidad que nos hace ver las situaciones como mucho peores de lo que son y por lo tanto imposibles de soportar.
Lógicamente todos quisiéramos que la vida se organice de acuerdo con nuestras preferencias.
¿Entonces cuál es el problema? El problema aparece cuando vamos más allá de desear y creemos que las cosas DEBEN ser tal cual las queremos. Cuando esto no es así sentimos que estamos frente a algo intolerable en lugar de estar frente a algo inconveniente o desventajoso.
Esta tendencia a la BTF es una de las causas más comunes de angustia, aunque paradójicamente podemos no reconocerla, convencidos de que la causa de nuestro malestar está exclusivamente afuera de nosotros.
Si esperamos que las personas y el mundo se ajusten a nuestra idea de cómo DEBEN ser, entonces nos encontramos frente a una receta para la infelicidad. Las personas se mueven siguiendo sus propias prioridades y reglas, e incluso sus propias neurosis. Lo mismo ocurre con el mundo: las cosas suceden, a veces son injustas, a veces desafiantes…  O bien podemos aceptarlas y manejarlas con cierta habilidad, o bien podemos rumiar nuestra furia en silencio, explotar verbalmente o hasta recurrir a la violencia, con las consecuencias negativas que esto nos puede traer.
Casi todos los niños tienen baja tolerancia a la frustración, pero durante el proceso de aprendizaje van desarrollando su capacidad de enfrentar situaciones en las que no consiguen lo que quieren. Sin embargo, algunas personas nunca aceptan que sus deseos no se cumplan, no tienen en cuenta los deseos de los demás y luchan contra adversidades que no pueden controlarse.

Muchas veces tenemos la necesidad de expresar la intolerancia que sentimos ante los contratiempos, de manifestar nuestra desmedida preocupación por las injusticias y de exponer las diferencias entre nuestras circunstancias y las de los demás. Nuestra negatividad, nuestras quejas y nuestra hostilidad pueden hacer que personas que nos importan tomen distancia de nosotros.

Aceptar la frustración es reconocer que ninguna ley universal nos promete que no nos van a tocar situaciones frustrantes y también que es esperable sentir emociones negativas como enojo y desilusión, pero sin exagerarlas convirtiéndolas en abatimiento, ira, hostilidad o autocompasión.

Contacto: siduna@gmail.com
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