EMPATÍA: PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO
Empatía es nuestra capacidad para reconocer y compartir las emociones de otra persona viendo su situación desde su punto de vista. De ponernos en su lugar e imaginarnos como si fuéramos él o ella en la circunstancia en la que está.
La empatía afectiva o emocional es la capacidad para responder con una emoción apropiada a la situación de otro y la empatía cognitiva es la capacidad de comprender su estado mental.
Muchas personas parecen ser naturalmente empáticas mientras que otras no. La empatía es un comportamiento aprendido a pesar de ser una capacidad innata, una capacidad que puede desarrollarse. Es la base de la intimidad y la conexión cercana. Sin ella las relaciones son emocionalmente superficiales, basadas fundamentalmente en actividades o intereses compartidos. Sin empatía, podríamos vivir y trabajar codo a codo con otras personas, sin tener idea de cómo son y qué sienten, como si fueran extraños en un colectivo lleno de gente.
La empatía no es solo el motor de la cercanía sino que también nos pone freno cuando nos comportamos inadecuadamente y nos hace dar cuenta del dolor que estamos causando. Los que han tenido la desgracia de tener un vínculo con alguien con fuertes rasgos narcisistas y poca empatía, conocen el dolor que puede conllevar.
Empatía y solidaridad no son sinónimos. Cuando sentimos solidaridad por alguien, nos identificamos con la situación en la que se encuentra esa persona aunque no tengamos idea de sus sentimientos y pensamientos. Pero la empatía implica identificarse con lo que alguien está sintiendo y sentir esos sentimientos nosotros mismos.
También la capacidad de regular y modular nuestras emociones es parte de la empatía. Como los estados de ánimo pueden ser "contagiosos", la capacidad de autorregularnos nos impide agotarnos cuando nos identificamos con alguien que está sufriendo. Si no lo podemos hacer sentiremos su estrés, ansiedad e ira en nuestro cuerpo. Sentiremos su dolor emocional y físicamente como si fuéramos tanto un espejo como una esponja. Esto no solo nos conducirá al agotamiento, sino que también puede romper el vínculo de confianza que esperábamos fortalecer. Cuando hacemos nuestras las emociones de otra persona, podemos sentirnos responsables de aliviar su dolor. Sentimos la necesidad de solucionar sus problemas y hacer que se sienta mejor. A menos que esa persona quiera nuestra ayuda, nuestra reacción puede alejarla, aunque eso sea lo que menos queremos.
Si la empatía es un atributo positivo, útil y deseable, podemos pensar que no tiene nada de malo tener "demasiada". Pero como todo en la vida, el exceso nunca es bueno. Lo mejor es tener un equilibrio saludable.
Contacto: silduna@gmail.com
https://www.facebook.com/LicSilviaDunayevich/
No hay comentarios:
Publicar un comentario